
Maquiavelo se sentiría orgulloso si viera lo que se está haciendo actualmente en las guerras. La discapacidad se ha convertido en el arma más mortífera entre los Estados. Me explico.
Desde mediados del pasado siglo, en la II Guerra Mundial, los Estados han avanzado mucho en el Estado del bienestar, precisamente por la atención a las víctimas, tanto civiles como militares de dichos conflictos.
Pero esto ha sido la pescadilla que se muerde la cola. Al aumentar la sensibilización con la discapacidad, aumenta la necesidad de gasto para atenderla, al ser percibido así por los enemigos estos convierten la discapacidad en un objetivo para hacer aún más daño al otro bando, provocando deliberadamente un aumento en sus gastos sociales.
Todo esto, lleva consigo varias consecuencias:
1º.- La guerra a dejado de ser algo exclusivamente militar para, (aunque no se diga oficialmente), tener a la población civil en el punto de mira.
2º.- Ya no se trata de vencer al enemigo, sino de humillar y hundir económicamente a un Pueblo.
3º.- Los Pueblos, ya no se pueden desentender intelectualmente de una guerra, ya que se ven inmersos en ella. No solamente se trata de una opinión como ciudadano o ciudadana, sino de algo que va afectar directamente a tu vida y a la de tus semejantes. Naturalmente, hablamos sobretodo de la población de los países que viven la guerra en suelo propio.
Esto resulta paradójico. En el mundo de las nuevas tecnologías, donde se puede leer el periódico de una persona a miles de kilómetros, las guerras, según la lógica anteriormente expuesta, tiene que entrar en cada casa civil y causar el mayor daño posible.
Por último, para que el negocio sea redondo, al terminar un conflicto, las empresas multinacionales y alguna ONG, (quiero creer que estas últimas de buena fe), corren apresuradamente a “reconstruir” el país que sus Gobiernos han destrozado y a ayudar a las personas que han mutilado y marcado psicológicamente. Todos ganan, menos aquellas personas que lo sufren, pero, al fin y al cabo, solamente son peones de este tablero de ajedrez.
¿Hasta donde hemos llegado?, ¿qué clase de mentes enfermas deciden que esto sea así?
Por todo esto, como persona con discapacidad y como antimilitarista convencido, digo: ¡No a la guerra!
Víctor Villar Epifanio.
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