miércoles, 3 de agosto de 2011

Política española: Un rompecabezas con piezas equivocadas



(Ed. Eco Republicano, 1 de Agosto de 2011)

Ya hablé en otro artículo anterior del complejo de inferioridad de la izquierda española. De ese miedo atávico de la tradición liberal, (en el buen sentido de la palabra liberal), a mostrarse en un país de tradición católica y apegado a conceptos del Antiguo Régimen, en su sentido histórico.

Pues bien, a partir de la transición esto se ha tradujo en el famoso “café para todos”. Se trató buscar una salida a este “laberinto español” con una solución que no contentaba a nadie. A saber: Una Jefatura de Estado no democrática e impuesta por un dictador, una organización territorial que es una organización federal mal planteada y con otro nombre, una Ley de Amnistía, etc, etc…. En fin, un quiero y no puedo.

Más tarde llegaron la “normalización y “modernización” políticas, lo cual nos trajo una mayor desorientación política. Intentamos ser una democracia adulta sin haber interiorizado debidamente los principios básicos de la democracia moderna. Hemos pasado del Antiguo Régimen, al modelo bipartidista norteamericano, sin pasar por asimilar hitos históricos como la Ilustración o la Revolución Francesa. Lejos de hacer esto último, rescatamos y exaltamos figuras ultraconservadoras como el Cura Merino, como símbolo de las tradiciones del Antiguo Régimen frente al “invasor francés”.

Todo este “cacao mental” nos ha llevado a raro sistema de partidos. Me explico.

Al intentar abrazar el bipartidismo, lo que hacemos es acumular en dos Partidos varias ideologías. Esto provoca una esquizofrenia política, ya se sabe, quien mucho abarca…..

Por un lado, la derecha tiene que meter en ese cajón desastre llamado P.P. a:

- El “voto útil” del franquismo.
- El “voto útil” de grupos neofascistas.
- El “voto útil” de monárquicos/as tradicionalistas.
- El voto del “Tea Party” español.
- El voto de la derecha moderada.
- Y el de la gente que vota sin ningún criterio ideológico.

Por otro lado, el PSOE se está convirtiendo en otro cajón desastre en el que se junta:

- El “voto útil” de troskistas y marxistas-leninistas.
- El voto del republicanismo de izquierdas.
- El voto del juncarlismo progresista.
- El voto socialista de toda la vida.
- El voto de la derecha moderada.
- Y el voto de la gente que vota sin criterio ideológico.

¡Ah! Se me olvidaba, en medio de estos dos “camarotes de los hermanos Marx” , surgen partidos populistas que ocultan una ideología de tinte ultraderechista, al más puro estilo “Silvio Berlusconi”.

Todo esto, provoca batallas campales dentro de los partidos y una confusión y desencanto tremendos en el electorado.

¡Qué tiempos aquellos! Aquellos tiempos en los que los/as socialistas éramos socialistas, los/as comunistas eran comunistas, los/as fascistas eran fascistas, los/as monárquicos y tradicionalistas eran monárquicos y tradicionalistas, etc, etc…. Y sobretodo, la democracia era eso, DEMOCRACIA.

La convivencia democrática no es la falta de ideología, sino la convivencia pacífica entre varias ideologías. Esto es posible, claro está, siempre que todos los partidos aceptemos las reglas del juego y ninguno tenga como base ideológica la desaparición de los demás. En tal caso, ese partido es incompatible con el sistema, así de simple.


Víctor Villar Epifanio.

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