
Dicen en mi pueblo que los extremos se tocan, lo que acabo de descubrir es que esto se puede aplicar de manera internacional. Me explico.
Hace unos años, el miembro de ETA, Iñaki de Juana Chaos, fue acusado de “apuntar” intelectualmente, en Gara, a una serie de victimas del terrorismo. Por esto, Chaos, fue condenado a 12 años de prisión, o al menos se le pedía.
Hace unos días, la ultraconservadora Sarah Palin, en su sitio de Internet y como parte de la campaña de las elecciones del pasado mes de noviembre, colocaba directamente una diana con la cara de diferentes candidatos y candidatas demócratas. Entre dichas personas, se encontraba la Congresista demócrata Gabrielle Giffords, tiroteada hace unos días por un miembro de la ultraderecha norteamericana, el conocido como Tea Party, del que Palin es una de sus caras más conocidas.
Pues bien, dejando de lado lo desmesurado, a mi parecer, de la reacción en el primer caso, concentrémonos en la doble vara de medir que se usa ante un mismo acto dependiendo que lado lo haga. En este caso es evidente, mismo acto, misma conexión entre quién planea y quien ejecuta, mismo juicio, misma condena.
Pero, en mi opinión, el asunto no se queda ahí. Pasemos a analizar los crímenes contra la humanidad y las bandas armadas que los cometieron.
Lo primero que vemos a nivel internacional, es que, mientras ahorcan a un criminal de guerra televisadamente; otros dirigen empresas millonarias en su jubilación y un tercero hace que se esconde bajo la mirada cómplice de los amigos de la familia.
Si observamos dentro de nuestras fronteras, vemos lo siguiente. Una banda terrorista es perseguida, sus ideas criminalizadas y sus los partidos con esas ideas ilegalizados; mientras tanto, otra banda terrorista paramilitar, cómplice de un golpe de estado, una dictadura y centenares de miles de asesinatos y crímenes contra la humanidad, se manifiesta por las calles invluso junto a políticos democráticos, meten a juicio a jueces que van contra ellos y se presentan a las elecciones libremente.
Visto lo visto, yo digo: “O jugamos todos y todas, o rompemos la baraja”. ¿Qué credibilidad tiene un sistema que es diferente según la persona o personas que cometan el delito?, ¿qué criterios debemos seguir?, ¿lo sabéis vosotros y vosotras? Yo no, o quizás…si.
Víctor Villar Epifanio.
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